Declarado monasterio de la Cartuja
de Ntra Sra de la Defensión Monumento Nacional
en 1866 y considerado como el más importante
de la provincia, se encuentra situado a cinco kilómetros
del casco urbano de la ciudad en una colina en la
margen derecha, aguas abajo, del histórico
río Guadalete.
fue fundado el 3 de mayo de 1453 por
Álvaro Obertos de Valeto, noble caballero jerezano,
enterrado a los pies del ábside de la iglesia
bajo una lápida de marmol que cubre su sepultura.
Se eligió el lugar conocido
como "El Sotillo", en el que existía
una ermita levantada en acción de gracias a
la Virgen por un hecho de armas entre jerezanos y
musulmanes. Cuando se contruyó el monasterio,
en su lugar, se colocó una gran cruz de piedra
que se puede contemplar en los jardines de entrada.
Llegaron los primeros frailes procedentes
de la Cartuja sevillana el 13 de febrero de 1476 y
se inició la construcción del monasterio
en 1478. Desde entonces, y hasta la exclaustración
de las órdenes monásticas en 1835, poseyó
la Cartuja una gran hacienda procedente en parte de
donaciones que los cartujos supieron explotar, hasta
el punto de crear importante ganaderías gravas
y caballar, cuya fama llega hasta nuestros dias.
En 1948, por iniciativa de varisos
jerezanos, vuelven a su antiguo monasterio, que restauran,
visten y hacen habitable. Al monasterio, de indudable
valor artístico, se accede a través
de una portada renacentista realizada en 1571 por
el jerezano Andrés de Rivera. Tras ella un
amplio patio que tiene como fondo la fachada de la
iglesia. A la izquierda del patio se enceuntra la
capilla de los Caminantes o del Rosario, construida
en el siglo XVIII para la celebración de la
Eucaristía los dias festivos. En torno a un
pequeño patio, preside una imagen de San bruno
de Pedro laboria, está la hospedería.
La fachada principal de la iglesia está compuesta
como retablo y realizó entre 1662 y 1667 por
el hermano Pedro del Piñar al reformar una
anterior que, como se afirma en el "Protocolo
primitivo y de la fundación de la Cartuja jerezana",
había quedado "alta y angosta".
En interior de la iglesia, gótico,
es de una sola nave cubierta con bóveda de
crucería estrellada. Se comenzó en 1478
y fue concluida en 1534, decorándose en el
siglo XVIII con yesería barrocas que impiden
apreciar la nave en su estado original e igualmente
se pintaron bóvedas con un fondo azul estrellado
como símbolo de la bóveda celeste. está
dividida la iglesia en varios tramos. Un espléndida
puerta plateresca de piedra divide el coro de los
legos del de los monjes, con magníficia sillería
(1547-1550) realizada por jerónimo de Valencia
y Cristóbal Voisin, considerado como uno de
los más bellos coros monacales españoles.
El retablo mayor existente en la actualidad
fue donado por la duquesa de Medina Sidonia y ocupa
el lugar del que entre 1637-1639 realizaron Francisco
Zurbarán y José de Arce. Importantes
dependenciaas dignas de contemplación son el
"Claustrillo" auténtico corazón
de la Cartuja y de la Vidamonástica. Concluido
durante el mandato de don Bruno de Hariza, se combinan
en él con armonía el gótico y
el renacimiento. El Capítulo de los padres
recubierto, como la iglesia, de yeserías baroocas,
lo recorre un bello banco de azulería sevillana
y un retablo atribuido a Arévalo. Un apostolado
de la escuela de Rubens cobre sus muros.
El refectorio, sobria nave con bóvedas
de crucería estrellada, está dividido
en dos departamentos, uno para los legos y otro para
los monjes. Rodea sus muros un apostolado que José
de Arce realizó para el retablo mayor y un
púlpito de piedra, joya del plateresco jerezano,
que contrasta su riqueza decorativa con la desnudez
del refectorio.
El claustro grande, de más
de setenta metros de lado, se abren a veintinueve
celdas de los monjes. De estructura gótica,
tiene bóvedas e crucería con rica iconografía
en ménsula e impostas. Las celdas son grandes
pues en ellas vive el cartujo gran parte del dia.
El patio prioral, deliciosa jardín, conocido
tambión como patio de los jazminez, y el renacentista
claustro de los Legos, terminan el recorrido por uno
de los símbolos más representativos
de la monumentalidad que Jerez ha atesorad a lo largo
de los siglos.